Las “amas de casa” (Enrique Echeverría, El Comercio, 1 diciembre 2014)

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Para personas con conocimiento y experiencia sobre nuestro Seguro Social, el proyecto de reformas laborales en conexión con la seguridad social debe ser analizado con detenimiento por la Asamblea, como recomienda el exdirector del IESS, señor Jorge Madera.

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El Comercio no logra reconocer el valor del trabajo en el hogar

Varios espacios noticiosos y de opinión ha dedicado Diario El Comercio para lanzar sus críticas ante el nuevo proyecto de Ley Orgánica para la Justicia Laboral y Reconocimiento del Trabajo del Hogar, y deslegitimar un proyecto que tiene varios avances en materia de derechos para los trabajadores y trabajadoras, sean remunerados o no. Sin embargo, el día 1 de diciembre, dentro del espacio de opinión, este diario difundió un artículo de Enrique Echeverría que lejos está de generar debate en torno a las reformas laborales, más bien causa indignación la banalización del rol del ama de casa y de los derechos y obligaciones de la ley.

Más de la mitad del artículo está destinado a describir la situación que viven muchas mujeres en el Ecuador. Los mismos estándares impuestos en el imaginario social alrededor de las amas de casa, quienes además de encargarse de los quehaceres domésticos y “soportar” las conductas del acompañante, contribuyen al ahorro y al orden en el seno del hogar. En todas estas actividades sin duda existe un valor implícito que tiene evidentes repercusiones en el desarrollo de la sociedad, y por ende en su productividad. Sin embargo, el artículo propone el mismo reconocimiento tradicional que ha tenido el trabajo del ama de casa: un mero valor simbólico, excluido de las relaciones económicas en las que influye decisivamente. Para Echeverría (y en la generalidad de argumentos presentados en El Comercio), el trabajo doméstico debe ser reconocido únicamente en palabras, más no en políticas concretas.

Al desconocer esta evidente relación entre el trabajo en el hogar y el desarrollo económico de la sociedad, el artículo se asemeja al consabido homenaje al intangible valor del trabajo de las mujeres. Pero esto conlleva una implícita aceptación de una relación de poder desigual en la que la mujer es excesivamente dependiente del hombre. Justamente, la propuesta debe ser entendida como la reivindicación del valor real que implica el trabajo en el hogar, una búsqueda de la equidad de género a través de medidas concretas que modifiquen las estructuras de poder.

Finalmente, Echeverría dice que para los trabajadores de la construcción, principalmente, la afiliación ha sido mal vista, “¿Se han enterado, acaso, de la resistencia de los trabajadores de la construcción para que se los afilie al Seguro, bajo el razonamiento de que no es útil para ellos?” ¿Acaso el articulista no se habrá enterado que según el artículo 11 los derechos son “inalienables, irrenunciables, indivisibles, interdependientes y de igual jerarquía”, y que representan la lucha de varios años de los trabajadores y trabajadoras del mundo, no sólo del Ecuador?

Enrique Echeverría responde a los mismos intereses del medio de comunicación privado, defender los intereses de los sectores de poder (ricos, hombres, patrones), pero además banaliza la lucha y adquisición de derechos, asumiendo que los trabajadores rechazan las medidas y políticas que se han implementado para transformar el sistema y mejorar las condiciones de vida de todos y todas.

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